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Crónicas de Héroes y Mártires (1998)

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En el primer trimestre de 1995, Ecuador y Perú vivieron un conflicto militar por una viejísima disputa de límites. Fue la última guerra armada del Ecuador.

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Álvaro Samaniego fue comisionado como corresponsal de guerra al mando de un equipo de televisión, y se convirtió en el periodista que más tiempo estuvo en la zona del conflicto, con la mejor información disponible y un papel relevante en la guerra informativa.

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Cumplió con los reportes. Pero acumuló, en paralelo, historias que no se contaron y otras que se contaron desde una perspectiva de propaganda militar.

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Años después, esos materiales pasaron por un doble tamiz: el de la crónica periodística y el de la narración literaria. El resultado es «Crónicas de héroes y mártires», un libro que transita por la vía paralela a la historia oficial: aquella en la que lo importante no son los conceptos abstractos de soberanía, Patria o futuro, sino los dramas personales de quienes los padecen.

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Los héroes y los mártires de este libro no están armados, no tienen uniforme y su única estrategia es sobrevivir. Una guerra es lo que es: personas muertas. Y líderes satisfechos.

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Kenzaburo Oe, el escritor japonés galardonado con el Nobel, escribió «Dinos cómo sobrevivir a nuestra locura», que disparó en el autor la necesidad de un ejercicio de catarsis para entender la dimensión de la locura humana por las armas y la destrucción.

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Samaniego hizo algo similar desde su trinchera: en muchos casos, las narraciones de este libro son los únicos testimonios que han quedado de situaciones reales.

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«Crónicas de héroes y mártires» fue publicada en 1998 por Editorial El Conejo, tres años después del conflicto.

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Y fue, también, la demostración más clara del parentesco íntimo entre la crónica periodística y la literatura —un vínculo que definiría toda la trayectoria posterior de su autor.

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