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Arte callejero: tensión y ruptura

  • Foto del escritor: Álvaro Samaniego Ponce
    Álvaro Samaniego Ponce
  • 14 abr
  • 5 min de lectura

Actualizado: 15 abr

Con mucha cautela, entra en una calle obscura como si estuviera actuando al Pedro Navaja, de la narrativa musical de Rubén Blades. Mira para un lado y mira para el otro. Desenfunda el tarro de spray. Al quemarropa dispara: “No hay arte sin protesta”. Se da unos segundos para mirar la que fue una pared blanca, mientras tapa el tarro. Los sonidos se acercan. Un poco más allá se une a la carrera su amigo, el que le cuida. Segundos después son fantasmas. La patrulla pasa sin que los policías noten nada sospechoso. Una pared con letras ni hace daño ni se puede extorsionar.


Al día siguiente, con una taza de café en la mano, el asalariado que sabe manipular el tiempo y los atrasos, nota que se ha escrito en la pared de la casa del frente. Toma dos, tres, cuatro fotos con su celular. Enseguida escribe un hilo y lo ilustra con las fotos. «Es indignante que estos delincuentes narcotraficantes tengan la osadía de violar el espacio público. Esta costumbre despreciable de ensuciar la ciudad es reprochable. Las autoridades deben aplicar la ley. Pongo a disposición de la policía la grabación de la cámara de seguridad de mi edificio para que detengan y sancionen a estos delincuentes. Hasta cuándo, hasta cuándo”.


El rito esta terminado. El círculo se ha roto. El principio fundamental del arte callejero (street art) se ha consumado. Los tres principios han quedado marcados: el grafitero ha pintado con total libertad, su obra es efímera: durará lo que el dueño en comprar pintura y eliminar la frase con brochazos de maldición. Y, hay una transgresión: el asalariado que se siente ofendido y que siente que la ciudad ha sido mancillada.


Foto: Álvaro Samaniego
Foto: Álvaro Samaniego


Esos son los tres principios básicos del arte callejero que merece, es inevitable, una descripción más detallada. Arte callejero es cualquier expresión artística en la que el lienzo, el escenario, el cuaderno es la ciudad. Lo practican el músico recostado contra el frontis de la iglesia del Sagrario, Carlos Michelena en su théatron, Apitatán frente a los murales y decenas más.


Las que nos traen en esta narración son las artes plásticas. Estas se puede dividir en muralismo, grafiti, stencil (plantillas), paste-up / carteles pegados, sticker art, mosaico, collage y otros más.


Sin duda, el origen del street art está en Nueva York, en el Metro. Las autoridades se dieron por vencidas frente a los ataques masivos de artistas para expresar su arte en los vagones, abandonaron la idea de tener un sistema impoluto. Pero ganaron un museo ambulante extraordinario.


Los artistas neoyorquinos –y los de todo el mundo, básicamente- usan los espacios públicos ante la casi absoluta imposibilidad de romper los círculos artísticos de las galerías: cerrados, elitistas, excluyentes.



"Zona" para arte callejero, La Carolina, Quito. Video de Álvaro Samaniego

Hay, por otro lado, una división entre lo oficial y lo informal. Los 24 artistas que formaron parte del proyecto CaminArte, del Instituto Metropolitano de Patrimonio, están dentro de la formalidad. La institución pública que contrata a un artista, la casa comunal de Cotacachi, las larguiruchas paredes de ciertos conjuntos habitacionales. Hay espacios que se conceden bajo las normas legales.


Pero otras no. La autoridad municipal está frente a la disyuntiva de permitir que la ciudad sea de los colores del cemento y del pavimento o que cobre la cromática de la imaginación.


Pero bien, la discusión formal es otra muestra de polarización, de esta maldita tendencia mundial  poner todo en blanco y negro: ¿es arte o son paredes sucias? Una parte de la sociedad piensa que el arte solamente está en las galerías y en los museos. Que quienes pintan paredes no merecen llamarse artistas y por eso no entran a los circuitos formales. Les niegan la posibilidad de hacer artes plásticas de maneras diferentes a las de Salas, Mera, Pinto, Guayasamín o Tábara.


El hecho de que no se puedan apropiar del arte es otro factor detonante. No hay como llevarse una pared a la casa para exponer la obra, como si se puede con la pintura formal. Se democratiza su disfrute. La mujer que no podrá pagar la entrada a un museo y que jamás será invitada a una exposición puede vivir la sensación de vació que provoca una pintura a través de la ventana del bus.


De otro lado, el arte urbano es la respuesta a la falta de acceso de la mayoría a medios para expresar su pensamiento. Sí, es político, sin duda. Sí, es anticapitalista, también sin duda. Pero es una opinión que expresa una posición frente a la realidad. No hay arte que no sea político y los artistas callejeros saben que éste, sobre todo, es un espacio muy potente de expresión. Ningún medio formal de comunicación estaría dispuesto a publicar algo tan arriesgado como «No hay arte sin protesta».


Y la atávica e inconclusa discusión si es que es un crimen de lesa patrimonio crear arte sobre obras monumentales catalogadas. Si es que el arte urbano debe –porque sí puede- darle vida a un monumento que está más cerca de ser un cenotafio que expresión conmovedora de creación.


Centro histórico de Quito. Foto de Álvaro Samaniego
Centro histórico de Quito. Foto de Álvaro Samaniego

Es claro que no hay una educación para la apreciación. Es importante pero no fundamental. Si bien la formación permite descubrir una dimensión mayor a la literalidad de lo pintado, el arte es, al final del camino, un encuentro sensorial e íntimo entre una persona y la obra. 


Los artistas saben todo esto. Y lo usan. Utilizan la capacidad de crear para darle una descarga eléctrica al transeúnte que se siente inmune a enfrentar a la realidad. Pone la punta de una aguja entre las manos del poder, que no sabe qué hacer con una expresión que no puede controlar.


Muchos artistas, cuando se dan a conocer, caen en la tentación de integrarse a los circuitos artísticos formales. Otros son indomables. Recuerden esa obra de Banksy, de quien todavía no se conoce la identidad. Cuando una casa de subastas quiso hacer negocio a sus espaldas, el marco del cuadro se activo: era un mecanismo para destruir papel. El sistema, desarrollado por el propio Banksy, al final falló y solo se destruyó la mitad. Fue su venganza contra quienes quisieron usurpar su arte y sacarlo de las calles (https://www.youtube.com/watch?v=Fyze7-wftkc).


Otros se mantienen. Y hay una comunidad que lo defiende. En Quito, el caso de Okuda San Miguel, quien hizo un homenaje a las bordadoras de Llano Grande e integró a la obra un Pikachu, un personaje del ánime japonés. Hubo quienes atentaron contra la obra pero, en definitiva, nadie ha dejado de tomarse una selfie con la obra de fondo.


El arte callejero es un espejo que refleja las tensiones sociales. No hay tema que se le resista ni hay artista al que le asuste transgredir las normas para dejar sentada su opinión. Hasta el próximo aguacero. Es una expresión efímera, está destinada a desparecer por arte de la naturaleza o de un vecino agencioso.


Hasta aquí. Por ahora.


5 comentarios


Sara Samaniego Segovia
Sara Samaniego Segovia
07 may

El arte callejero es revolución e identidad. Algunos hablan, otros lo plasman en las calles.

La revolución incomoda y creo que por eso aún hay gente a la que no le gusta el arte callejero, porque muestra cosas que muchos prefieren negar.

Gran artículo, gran aporte.

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Álvaro Samaniego Ponce
Álvaro Samaniego Ponce
11 may
Contestando a

He visto con frecuencia que los “ciudadanos de bien” consideran violatorio todo lo que se aparte de sus valores, lo cual significa una negación de la diversidad, que es el factor común de nuestras necesidades.

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Esteban Naranjo
Esteban Naranjo
15 abr

Así es mi estimado Álvaro. El arte callejero es completamente político, se vuelve el escenario donde convergen conversaciones de aprecio y de disputa. Muy interesante el artículo.

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Álvaro Samaniego Ponce
Álvaro Samaniego Ponce
11 may
Contestando a

Gracias, maestro. Por eso admiro la capacidad de creadores como tú, que tienen clara la película y coherencia en la acción.

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Micaela Samaniego
Micaela Samaniego
15 abr

Me encantó! Qué interesante que es el street art cuando dejamos de verlo como un ataque a la comunidad y empezamos a verlo como un aporte a la sociedad

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