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El algoritmo como arma de destrucción masiva

  • Foto del escritor: Álvaro Samaniego Ponce
    Álvaro Samaniego Ponce
  • 18 may
  • 4 min de lectura

Actualizado: 20 may

El más notable efecto de la aplicación de los algoritmos en el cosmos digital es la polarización. Un mundo dividido siempre es un mejor negocio. Más aún si esa división se convierte en batalla o en guerra, cuanto mejor. No he encontrado otra manera de explicarlo.


Nunca hubo duda que el capitalismo iba a apropiarse de este desarrollo de la ciencia, como lo ha hecho con otros, para reproducir las lógicas de acumulación de capital. Si no fuera así, Larry Page y Sergey Brin no serían ahora multimillonarios (tiene alrededor de 4 veces el producto interno bruto de Ecuador o el equivalente al de Colombia).


Poder económico significa poder político. Cuando Google se convirtió en el motor de búsqueda por antonomasia se sembró el mundo de algoritmos y los resultados son los que vemos ahora: un planeta que gasta más tiempo en romper que en armar.


Imagen generada por la plataforma de inteligencia artificial Copilot
Imagen generada por la plataforma de inteligencia artificial Copilot

En el principio se creó una fórmula para ordenar las páginas que encuentra un usuario en el motor de búsqueda. Hay tal cantidad que la empresa decidió qué pone al inicio de la pantalla y qué al final. Enseguida se dieron cuenta que el PageRank era un arma para modificar comportamientos y para limitar libertades.


Lo que pasa hoy es que el algoritmo está creando realidades diferencias para cada persona, con el objetivo, principal pero no único, de convertirlos en activos sujetos de consumo. El mismo mundo de diferentes colores.


En el detalle, si una persona es hincha del equipo de fútbol A, escucha música B, le gusta la comida C y denota una tendencia política D, Google le dará información de A, B, C y D con un sesgo hacia el consumo. Además, le entregará contenido para reafirmar sus creencias.


Tal persona desconoce o rechaza que también haya un equipo de fútbol Z, música X, comida Y y una posición política T. El algoritmo se encarga de crear animadversión contra lo que no sea su manera de pensar, sostenida por los sesgos, los bulos y la posverdad que le viene por intermedio de la sacrosanta internet.


Además, descubrieron que esta polarización sirve para seguir extrayendo información, la progresiva eliminación de la intimidad personal. Y permite darles usos en los que no existe límite.


Fotografía obtenida de Licencia Creative Commons
Fotografía obtenida de Licencia Creative Commons

Los algoritmos permitieron establecer sitios de encuentro de personas que sirvieron para los bombardeos en los conflictos provocados por Estados Unidos e Israel en el cercano oeste.

Si se tiene suficiente dinero, se puede manipular elecciones nacionales (ver el escándalo de Cambridge Analytics), modificar comportamientos financieros, asegurar beneficios basados en la discriminación y asegurar que los flujos de dinero desemboquen en quienes ostentan el poder.


En este punto, parece imposible librarse de los efectos de esta arma de destrucción masiva. Y, está claro que la gente sigue pagando la cuenta de la polarización, sonreída, sin imaginarlo siguiera.


En los países, cada vez es más difícil conseguir acuerdos que permitan un desarrollo sostenible, porque la gente de la calle está distraída en broncas pendejadas que propone el algoritmo.


Google y, en buena medida, la inteligencia artificial, ha puesto un velo en el que se proyecta una película manoseada a la que bautiza como realidad.


Está haciendo lo que a muchos movimientos políticos, iglesias, tiranuelos, profetas les costó años de lucha: generar miles de mentiras cada instante para por carcomer la inteligencia, permitir que la gente se sostenga sobre certezas ilusorias. Y, como consecuencia, pedófilos, idiotas, pazguatos, pusilánimes y aspirantes a príncipes posmodernos se convierten en dignatarios.


Luego, no es aventurado hablar, como se ha dicho antes, de una pérdida de libertad. Una persona, en esta realidad, es libre de pensar y de decir solamente dentro de las fronteras que le dibuja el algoritmo.



Hace un tiempo me encontré con un artículo de la británica BBC, titulado “Algospeak: la lista secreta de palabras que no se pueden decir en las redes sociales según los que intentan derrotar al algoritmo“. En un párrafo dice: «’Algospeak’, como se le suele llamar, es un lenguaje codificado completo basado en la idea de que los algoritmos entierran el contenido que usa palabras o frases prohibidas, ya sea para impulsar las agendas políticas de las empresas de redes sociales o para limpiar nuestros feeds para los anunciantes».


Oponerse al “algospeak” es caer en FOMO, el miedo a perderse de algo, porque se ve muy mal que sepamos lo que nos otros sí.


Por fin, si la manipulación ha llegado a dimensiones colosales, la libertad individual es un mito. Creo que la falta de libertad nos ha arreado a corrales distintos y que ahora somos capaces de insultar a la madre del vecino sin sonrojarnos.


Por cierto, ha tenido un efecto regresivo. Al ir limitando nuestra posibilidad de desarrollo consciente, hemos vuelto a ser racistas, excluyentes, impertinentes, a nivel cavernícola. La cereza en el pastel es que nos sentimos orgullosos de hacer el papel de idiotas.


No he visto en el mundo nada con tal capacidad destructiva que se compare a los algoritmos. Ni, en general, tan poco he visto tan poco interés poco desembarazarnos de la pereza y recuperar la libertad. 


No hay más por ahora. Ya vuelvo.


 
 
 

2 comentarios


Sara Samaniego Segovia
Sara Samaniego Segovia
20 may

Una vez me dijeron en una clase: "uno en realidad no es libre, solo escoge sus dependencias". Creo que así funciona, hemos decidido depender de la IA, y las consecuencias que nos ha traído limita aún más nuestra libertad, y ni hablar de la capacidad de razonar, que se ve cada vez más disminuida.

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Álvaro Samaniego Ponce
Álvaro Samaniego Ponce
03 jun
Contestando a

Muy interesante la frase y muy claro el comentario. Estoy de acuerdo con que uno de los mayores riesgos es la pérdida de la capacidad de razonar. Gracias.

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