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El manoseo obsceno de la cultura

  • Foto del escritor: Álvaro Samaniego Ponce
    Álvaro Samaniego Ponce
  • 20 jul
  • 5 min de lectura

Quien pensó que en el centro de la discusión estaban los criterios de si el proyecto ganador para el Museo Nacional era bonito o feo, se equivocó de libreto.


Hay evidencias en exceso que demuestran que lo último que tienen en mente los promotores de esta decisión es crear una obra monumental que represente a la cultura ecuatoriana. Es la conclusión a la que he llegado luego de analizar los hechos puntuales, los antecedentes y la coyuntura.


Lo que debe, necesariamente, que marcar esta reflexión es la falta de interés de los gobiernos por la cultura. Sigue siendo el pasatiempo de unos hippies mariguaneros y no un factor fundamental para el desarrollo y la sostenibilidad.


Luego, el patrimonio cultural nacional es importante en cuanto a su valor monetario y los artistas unos animadores de fiestas marginales que viven, como debe ser, al margen de todo.


Se ha hecho sucesivos recortes presupuestas al sector cultura, hasta refundirle más al fondo que el deporte. Una carta abierta publicada por la exministra Romina Muñoz es clarísima: hay un bombardeo para todo esto que es gasto improductivo. La cultura siempre ha estorbado al capitalismo.


Aún así, se decidió invertir un presupuesto elevadísimo para construir un nuevo museo. ¿Por qué? Creo que la autoridad gubernamental necesitaba mostrar algo material que le haga competencia al Metro de Quito, para competir con el Alcalde.


Nunca se hizo la pregunta si hace falta un museo enorme en Quito. Ni tampoco si el actual Museo Nacional, ubicado en el edificio de los espejos de la Casa de la Cultura Ecuatoriana es suficiente. A menos que…


Incluido ese, hay 27 museos en Quito, ciudad que tiene la más alta concentración. Y en todo el Ecuador hay 757 museos y espacios culturales.


Foto del Museo Nacional del Ecuador
Foto del Museo Nacional del Ecuador

¿Hace falta otro? No, lo que falta es presupuesto para que todos estos espacios presten el mejor servicio posible. Muchos de ellos funcionan con lo que sus recursos permiten.


Lo que realmente hace falta es un lugar donde atesorar la reserva. Reserva se conoce a la colección de todas las piezas patrimoniales que son de propiedad del país. Algo más de 1’200.000 y con un valor monetario incalculable. Ahí está toda la historia nacional y buena parte de los rasgos identitarios. Así como mucha gente protege su nombre y su apellido se debe conservar esa reserva.


Ahora está dispersa en en lugares improvisados: oficinas, subsuelos, con adecuaciones hechas al apuro, con pocos recursos para su protección.


Luego, sí hace falta un espacio adecuado, seguro, técnicamente edificado, técnicamente cuidado, para proteger ese tesoro nacional. 


El nuevo edificio propone centralizar el patrimonio artístico en la capital, lo cual es un contrasentido en la necesidad de democratizar su acceso. A menos que…


Pero bien, supongamos que sí es necesario. Siempre estuvo claro claro que este gobierno no está dispuesto a usar cien millones de dólares, porque ha demostrado en la práctica que la cultura no es, ni de lejos, una prioridad.


Entonces, a mí me suena que esto fue un tinglado, armado para captar simpatías. Con mucha habilidad, pues se arrastró a instituciones del prestigio y el respeto, como el Colegio de Arquitectos de Pichincha (CAE), a involucrarse en el proceso. No sé si no se dieron cuenta o no pudieron zafarse del papel de coordinadores, pero finalmente fueron arrastrados a un pantanal.


Se propuso utilizar un terreno ubicado en la zona de más plusvalía. ¿Cuál es la lógica de construir un nuevo museo nacional a algo más de dos kilómetros del actual Museo Nacional? Concentrar todo en el hipercentro es, por lo menos, desaconsejable.


Fotografía del Museo Nacional del Ecuador
Fotografía del Museo Nacional del Ecuador

El  CAE hizo lo que debía: un proceso profesional y transparente, que es indispensable para quien quiera meterse en un proyecto de USD 100 millones.


¿Me gusta el diseño ganador? Eso no tiene importancia. El gusto es subjetivo y hacer un espacio que les guste a todos es un absurdo. Lo que hacer es un proyecto que cumpla con la misión: ser un museo.


De lo que conozco, el proyecto “Ecos del Sol” cumplió con los estándares solicitados en las bases, como se hace técnicamente los concursos. El cuento de «a mí me gusta» o «a mí me disgusta» es el peor método de calificación. A menos que…


Esto publicó el diario El País, uno de los más respetados del mundo: «Bastaron dos días de críticas en redes sociales para que el Ejecutivo de Daniel Noboa desautorizara el proyecto ganador del que iba a ser el nuevo Museo Nacional de Ecuador (MuNA), una de las principales promesas culturales de su Administración».


 Luego de romper toda la estructura de un proceso serio, se improvisó una acción del todo apurada, con una santísima trinidad de arquitectos y con la votación del público. Esto denota el interés de hacer el museo por sobre todas las cosas. A menos que…


"Estratos Vivos", del consorcio SANAA-A0-CPA-JHS, terminó ganando Pero no fue el jurado técnico el que decidió solo: el resultado se calculó con una fórmula de 85% de calificación especializada y 15% de voto ciudadano, en el que participaron 50.681 ecuatorianos a través de una plataforma digital. 


Suena democrático. Pero ¿qué clase de concurso de arquitectura de cien millones de dólares termina resolviéndose, aunque sea en una fracción, por aplausómetro?


Foto del Museo del Carmen Alto
Foto del Museo del Carmen Alto

¿Se corrigió el supuesto “papelón de «Ecos del Sol»? Lo que se hizo fue institucionalizar el mismo vicio que provocó la crisis: que el gusto del público, y no el criterio técnico, tenga la última palabra sobre un edificio que debe sostenerse en pie, técnicamente, por más de un siglo. A menos que…


Me ha llamado la atención que entre los jurados no exista ningún experto en museología o museografía. Ni nadie relaciona con el patrimonio. Como si todo se resumiera en poner ladrillos y levantar paredes.


¿Saben ustedes lo que pasaría con la cultura en el Ecuador si hubiera un presupuesto de USD 100 millones? ¿Se imaginan las exposiciones itinerantes todas las provincias y los millones de personas que pudieran compenetrarse con nuestro arte?


¿Se imaginan la dimensión de la campaña de lectura y la calidad de las fiestas de libros que se podría hacer?


¿Tienen una idea de la calidad de los museos, bien mantenidos, bien administrados, bien guiados y con reservas bien cuidadas?


¿La cantidad de espacios escénicos, que ahora son improvisados y que sobreviven con las justas? ¿La cantidad de obras de teatro y de danza?


¿Se imaginan la proyección internacional que podría tener la cultura ecuatoriana, el posicionamiento que lograrían artistas monumentales, ahora sometidos al abandono de un país que los olvidó?


A menos que… A menos que el interés no sea el museo ni la cultura. Hay quienes ya investigaron el efecto que el museo tendría sobre el valor de la tierra y los proyectos inmobiliarios que podrían aprovecharlo.


No puedo tener sino un sentimiento de que la cultura se está manoseando –otra vez- desvergonzada y obscenamente, para apropiarse de los recursos que son propiedad de los actores de la cultura.


Diga usted. 


No hay más por ahora. Ya vuelvo.




 
 
 

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