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Vivir el vínculo de notas y letras

  • Foto del escritor: Álvaro Samaniego Ponce
    Álvaro Samaniego Ponce
  • 17 jun
  • 3 min de lectura

Durante el taller de creación literaria dictado por la gran Alicia Crest (1952-2007), uno de los ejercicios básicos fue identificar qué tipo de música provoca qué tipo de reacción literaria en un escritor.

 

En mi mesa de trabajo, la literatura y la música no pueden ser tratadas por separado. La lectura tampoco se aleja de las proverbiales perplejidades que origina la música.

 

Inclusive, he intentado, con poca sistematización, tratar de determinar si cierta lectura provoca un efecto diferente en mí si acompaño de una música determinada. Y sí. Desde un punto de vista mecánico, los sonidos armónicos que llevan a la concentración, tanto como a un estado de relajación, que ayuda mucho a masticar las historias.

 

Está claro que mis lecturas tempraneras, que solo pueden estar acompañadas por los sonidos del amanecer, tienen un capítulo aparte: estremecedor, hipersensible.

 

En las noches de creación con Alicia me sucedió que las escenas que requerían pausa y quietud aparecían más rápidamente si me acompañaba Led Zeppelin. Y que la música clásica me llevaba a mejores descripciones donde hubiera un pincel de violencia.

 

Ahora, con la popularización de la música, todos pueden acceder, por ejemplo, a las famosas listas de reproducción de Haruki Murakami, amante del jazz.

 

Lo realmente importante es que la curiosidad por buscar la nueva literatura siempre se me confundió con la inquietud por escuchar otras cosas, oír lo que sucede en otras realidades.


Imagen creada por inteligencia artificial, Copilot
Imagen creada por inteligencia artificial, Copilot

Uno de los más interesantes y recientes descubrimientos fue Kanho Yakushiji (Japón, 1979). Es un monje budista zen y músico, reconocido mundialmente por fusionar la recitación tradicional de sutras budistas con arreglos musicales modernos.

 

Yakushiji hizo lo que me parecía natural pero que nadie más se atrevió: agregar sonidos a los sutras que, de por sí, tienen un ritmo de recitación que es una base para cualquier tonada.

 

Tiene la virtud, en mi caso, de darme ritmo, de obligarme a no dejar de poner una palabra delante de la anterior, a fijar los pensamientos e irlos traduciendo al ritmo de la música. Recomiendo esta colección: https://www.youtube.com/watch?v=V-PN1QhyduY&list=RDV-PN1QhyduY&start_radio=1.

 

Luego, la ruptura de las ideas previas que me había formado alrededor de la de estética musical vino de la mano de Hildur Guðnadóttir (Islandia, 1982).

 

Con las bandas sonoras de Chernóbil y Guasón (la primera película; la música de la segunda es un adefesio) es la primera mujer compositora solista en ganar un Óscar, un Emmy, un Globo de Oro y un BAFTA.

 

Por momentos es como quebrar todo lo que uno espera que suceda con la música. Cada obra es un relato, Hildur tiene la virtud de introducir lo inimaginable y de crear rupturas.


Imagen creada por inteligencia artificial, Copilot
Imagen creada por inteligencia artificial, Copilot

Es una música de quiebres estructurales. Cuando la narrativa ha entrado en cierta rectitud apagada y abúlica, sus obras pueden meterme en la cabeza una dimensión diferente de ficción.

 

Obviamente, la curiosidad no está limitada a aquella música que provoque alguna reacción literaria. En esa línea, Cristobal Tapia tiene una excelente idea musical con la banda sonora de la serie White Lotus 3.

 

Y luego, pasó por la curiosidad saber qué música árabe está en auge, que es una manera de resistirse al prejuicio occidental sobre esta cultura viejísima. Constantinople y sus varias experiencias son reconfortantes.

 

Por otro lado, el Trio Joubran, un grupo de tres hermanos palestinos, con frecuencia hacen que su laúd árabe recite poesía.

 

Además, en todas las ocasiones el grupo Huun-Huur-Tu me ha dejado sin aire. Son rusos, viven en la frontera con Mongolia, interpretan canciones tradicionales y son diestros en un canto difónico. Es decir, logran sacar sonidos con la voz que yo no sabría decir en qué parte del cuerpo se esconden. Son expresiones reconocidas como patrimoniales.

 

Ahora, yo tengo dos vicios que funcionan como un comodín, que sirven para casi todo. El primero es The Gurdjieff Ensemble y los ritmos armenios más profundos. Y, Arvo Part en todas sus interpretaciones.


Imagen creada por inteligencia artificial, Copilot
Imagen creada por inteligencia artificial, Copilot


Esta es una visión muy acotada de lo que existe tras de los telones de la literatura. A decir verdad, detrás de la creación artística.

 

Estoy seguro de que muchos creadores de artes plásticas, de música, bailarines y arquitectos usarán la literatura para nutrir sus procesos

 

Y, bien vista, esta música demuestra que en la mente y en los sentidos de un creador hay un vacío que espera llenarse con impulsos capaces de estremecernos. En parte, de ahí surgirá lo que luego deba convertirse en códigos comprensibles, en historias verosímiles, en utopías y distopías, en un flujo capaz de dejar al lector transformado.


No hay más por ahora. Ya vuelvo.




 
 
 

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